Desde el período
independentista hasta 1960 predominaron los intentos de
integración continental y subcontinental.
La primera tentativa de unión sudamericana fue encabezada
por Simón Bolívar.
Los problemas internos de cada país hicieron imposible este
ambicioso
proyecto. Quizás otra de las causas de este fracaso fue la
ausencia de un
país que liderara dicha iniciativa.
En 1880 nació el primer plan continental. El panamericanismo
fue tenazmente
rechazado por países como la Argentina al identificar en él
aspiraciones
hegemónicas de los EEUU.
Durante los años 60 surgió un nuevo movimiento de
integración sudamericana:
la ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio). Sin
embargo, debido
a la falta de cohesión territorial y económica entre los
países de la región
el plan no prosperó. Su sucesora la ALADI (Asociación
Latinoamericana de
Integración) tampoco satisfizo plenamente las expectativas.
Frente a los fracasos de integración sudamericana comenzaron
a surgir, desde
1960, movimientos a nivel regional. El primero, provisto de
un ambicioso
marco institucional, fue el Pacto Andino. Más tarde apareció
el MERCOSUR.
Con la caída de la URSS y el fin del mundo bipolar, EEUU
comenzó a delinear
el ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas), el
segundo intento de
integración continental. Si bien este proyecto era funcional
a los gobiernos
neoliberales sudamericanos, la crisis económica de fines del
90 impulsó
nuevos aires nacionalistas en la región. El ALCA tuvo que
enfrentarse así
con una nueva iniciativa estrictamente sudamericana: la
Comunidad
Sudamericana de Naciones. Este proyecto se gestó bajo el
liderazgo de
Brasil. No obstante, complicaciones de política interna
brasilera, hicieron
que Venezuela pase a ocupar un papel claramente protagónico.
Mucho ruido y pocas nueces
Con respecto a la Comunidad Sudamericana de las Naciones
poco se ha avanzado
hacia una verdadera integración subcontinental. Muchas
causas subyacen
detrás del estancado proceso de integración. Entre otras
podemos destacar la
prioridad de las agendas domésticas en los diferentes
países. Sin embargo,
existe una causa más profunda, estrechamente relacionada con
dos nociones
clave: suma cero y suma variable. Ambos conceptos están
relacionados con
juegos en los cuales participan dos actores. La
significación detrás de los
términos es muy sencilla. Suma cero: uno gana todo y el otro
pierde todo.
Suma variable: todos ganan. Una guerra entre Estados es un
juego de suma
cero. La integración es, en teoría, un juego de suma
variable. He aquí el
problema principal de la unión sudamericana. Los Estados de
la región
perciben la integración como un juego de suma cero. Buscan
satisfacer sus
intereses nacionales careciendo absolutamente de una visión
a largo plazo
que implique intereses regionales. Esta percepción de la
integración impide
una genuina cooperación. La Unión Europa sólo pudo erigirse
cuando sus
principales actores, Alemania y Francia, dejaron de
observarse como
enemigos.
¿Porque cuesta tanto ver la integración como cooperación?
Una posible causa
tiene que ver con la visión del mundo que poseen los
distintos países. Al
finalizar la segunda guerra mundial, las potencias de
Europea Occidental se
dieron rápidamente cuenta de que la única posibilidad de
mantener cierta
independencia política y económica en un mundo bipolar era a
través de la
mutua cooperación. Nuestra región no vive una situación tan
extrema. Es por
ello que no existe un camino único a seguir. Algunos Estados
como Chile
optan por la apertura a nivel global. Otros confían en la
unión sudamericana
como bloque de poder regional y global. Tal es el caso de
Venezuela.
Finalmente se encuentran aquellos como Colombia que, debido
a una fuerte
relación de dependencia, optan por alinearse con EEUU.
Estas distintas posturas dificultan los consensos e
imposibilitan la
cooperación. Es por ello que una visión homogénea del mundo
es condición
indispensable para todo proceso de integración.
Lic. Marcelo Boffi
<<<
volver atrás
|