Te quiero
porque sos mi sol, la música y la alegría, sos el verde y el rojo, el
pájaro y el viento, sos una playa lejana, un bosque insondable, un
paraíso perdido.
Te quiero porque cerrás todas mis heridas y por vos me abro en nuevas
emociones y se encienden todos mis sentidos.
Amo tus
mensajes, a todos ellos los guardo porque es mi forma de tenerte.
Amo tu voz que me turba y me atrapa y al escucharla mi corazón se
acelera y se me ilumina el alma.
Amo tus cabellos, tu piel suave y tus ojos color chocolate tanto más
dulces.
Amo tu silueta y tus partes que tiemblan.
Amo tus manos laboriosas que trabajan y me acarician.
Amo cada frase y cada palabra tuya.
Amo tu risa, tu certezas y tus dudas, tu serenidad y tu ser.
Y a pesar de todo me dolés y mucho.
Me dolés en la distancia y me dolés en la ausencia.
A veces me
sostiene la esperanza y a veces no.
Entonces me derrumbo y me enojo con la vida y le cuestiono los días que
pasan y no te tengo, las caricias perdidas y las noches vacías, los
besos que no llegan y tus ojos que no me miran. Le cuestiono un tiempo
que no fue y un mañana sin tu amor.
Y tengo miedo
de despertarme un día y que ya no estés, darme cuenta que nada tuve y
que nada fue.
Entonces vuelvo a mis sueños para no perderte y dibujo tu cuerpo en mi
cama y tu rostro en mi almohada. Tu vientre me llama y el mío responde.
Y así imagino tu boca en mi boca, tus manos en mi cuerpo, tus ojos en
mis ojos, la pasión desbordada, los cuerpos enredados y las voces
entrecortadas.
Y te pienso
conmigo atrapando estrellas, corriendo hacia el mar para mojarnos los
pies, dejando que la bruma nos acaricie la cara, reírnos de todo y
reírnos de nada.
Necesito
soñarte y soñarnos para no despertarme una mañana y saber que no estoy,
para no mirarme por dentro con los ojos del alma y descubrir que no
estás.