|
Se acaba el tiempo, la etapa, el momento.
Me da temor pensar que esto todavía no ha terminado y va a recomenzar.
Me resisto como puedo y es inútil.
Pienso en que quiero cambiar tanto mis paisajes cotidianos y recuerdo los
malos resultados anteriores.
Me paralizo, porque está todo bien y si espero más, no soy justo.
Me enfrento a aquello que no me gusta hacer con el mismo entusiasmo que si me
encantara y miro por debajo del hombro a quienes transitan llenos de mentiras
e hipocresías.
Quizá sea la forma.
Vivo mis momentos mágicos, temiendo que vayan a desaparecer, desertizando mi
paisaje.
Qué sería de mi si no pudiera quererte.
Porque otras veces he querido y no he podido querer.
Y he sobrevivido hasta aquí, hasta hoy.
Sé que no es gran cosa, el resultado.
Pero el esfuerzo ha sido titánico, tantas veces que no me gusta recordarlo.
Los inicios nunca son fáciles y, si se alargan, son agónicos.
Solo los resisten los supervivientes.
No he podido aprender a olvidar pero sí a perdonar.
Y se acumulan por capas los rastros, que puedo consultar con claridad.
Junto a las decepciones, que son coleccionables, como los fascículos.
Vivir es lo que tiene. Un poco de todo... |